Tratamiento del Trastorno de Ansiedad

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Tratamiento del Trastorno de Ansiedad

tratamiento ansiedad las palmas gran canariaEl Trastorno de Ansiedad -o de angustia- es el cuadro más frecuente en psiquiatría y psicología. Generalmente son cuadros leves con escasa interferencia en el funcionamiento habitual del individuo pero que se acompañan de importante malestar.

Se habla de trastorno de ansiedad cuando la reacción de alerta de una persona ante una situación o suceso puntualmente estresante es desproporcionada, de intensidad excesiva y persistente en el tiempo, o cuando dicha reacción se dispara ante situaciones que sólo son percibidas como amenazantes por la persona que sufre dicho trastorno. El tratamiento para la ansiedad se basa principalmente en la psicoterapia pero la duración dependerá de cada paciente.

En función del tipo de ansiedad, de cómo se presente o de las circunstancias que la desencadenen distinguimos distintos tipos de trastornos de ansiedad:

  • El trastorno de ansiedad generalizada, un estado permanente de tensión crónica en el que el sujeto sufre una preocupación y nerviosismo excesivo incluso sin causa aparente.
  • Ataques de pánico, crisis recurrentes de miedo sin ninguna causa directa de forma espontánea, provocando una ansiedad extrema con síntomas como palpitaciones, sensación de ahogo, temblores…
  • El trastorno fóbico, o fobia, que provoca en la persona un temor irracional y persistente ante un objeto, actividad o situación concretos, provocando su evitación (por ejemplo, el miedo a volar).
  • El trastorno por estrés posttraumático, reacciones de estrés agudo o postraumático, caracterizado por recuerdos persistentes, un estado emocional de vigilancia exagerada y la reducción general del interés por la actividad diaria.

Trastorno de Ansiedad Generalizada

El trastorno de ansiedad generalizada se caracteriza fundamentalmente por la existencia de preocupaciones excesivas acerca de circunstancias normales de la vida, incluso cuando hay poca o ninguna razón para preocuparse. Estas preocupaciones las llamamos patológicas y generan importante tensión emocional que finalmente puede manifestarse por síntomas físicos como sensación de ahogo, palpitaciones, presión en el pecho, desasosiego, dolores de cabeza, cuello, irritabilidad y dificulta para relajarse.

El trastorno de ansiedad generalizada se desarrolla lentamente, y suele comenzar durante la adolescencia o juventud. Los síntomas pueden mejorar o empeorar en distintos momentos, y con frecuencia empeoran durante momentos de estrés.

Es posible que las personas con el trastorno de ansiedad generalizada consulten con un médico varias veces antes de descubrir que tienen este trastorno. Suelen pedir ayuda a sus médicos para dolores de cabeza o problemas para dormir, señales que acompañan los síntomas del trastorno de ansiedad generalizada. Sin embargo, no siempre obtienen la ayuda que necesitan de inmediato.

Causas del Trastorno de Ansiedad Generalizada

Las causas suelen ser múltiples, desde hereditarios a factores externos. Lo común en la mayoría de todos los pacientes con trastorno de ansiedad generalizada son personas con tendencia al control, a darle muchas vueltas a las cosas, a ser perfeccionista, a preocuparse en exceso por pequeños detalles, etc.

Síntomas del Trastorno de Ansiedad Generalizada

En la ansiedad generalizada los síntomas no se presentan en forma de episodios o crisis, sino de manera permanente, aunque el curso del trastorno es también crónico. El tipo de síntomas es superponible al que hemos descrito para las crisis de angustia, si bien no se observa la vivencia de muerte y los síntomas en general son más atenuados. Inquietud o impaciencia, fatiga, sobresaltos, tensión, temores difusos, inseguridad, dificultades de atención y concentración, insomnio de conciliación y pesadillas, dolores varios y difusos, palpitaciones, opresión precordial, ahogo, náuseas, mareo, sudoración, escalofríos, etc. son algunos de los síntomas de la ansiedad generalizada.

Los síntomas suelen aparecer en sujetos con personalidad neurótica y en situación de conflicto. Si no se diagnostica y trata el cuadro, suele cronificarse con fluctuaciones, de forma que en ciertos períodos está atenuado y en otros la clínica perturba gravemente al paciente.

  • Preocuparse demasiado por las actividades diarias
  • Tener problemas para controlar sus preocupaciones constantes
  • Ser conscientes de que se preocupan mucho más de lo que deberían
  • Tener dificultad para relajarse
  • Tener problemas para concentrarse
  • Ser fácilmente sorprendidas
  • Tener problemas para dormir o permanecer dormidos
  • Sentirse cansados todo el tiempo
  • Tener dolores de cabeza, de los músculos, del estómago o dolores inexplicables
  • Tener dificultad para tragar
  • Tener temblores o tics (movimientos nerviosos)
  • Sentirse irritables, sudar mucho, y marearse o sentir que les falta el aire
  • Necesitar ir al baño seguido

Los fármacos antidepresivos suelen ser ineficaces, mientras que los ansiolíticos son útiles y la psicoterapia ineludible para descubrir y tratar el conflicto de fondo.

Trastorno de pánico & Crisis de Angustia

El trastorno de pánico es otro trastorno de ansiedad que consiste en la aparición de súbitas crisis de angustia, que se caracterizan por intenso malestar, con sensación de ahogo, presión en el pecho, sensación de muerte inminente, nerviosismo, tensión, irritabilidad, inquietud y agobio, preocupación, insomnio de conciliación, pesadillas, llanto por impotencia (que tranquiliza), sensación de amenaza en relación con miedo a padecer una enfermedad somática grave (desintegración física) o enfermedad mental irreversible (desintegración psíquica) son algunos de los síntomas psíquicos que suelen motivar visitas a Urgencias por sospecha de infarto. Una vez iniciado el cuadro, estas crisis suelen repetirse con frecuencia e intensidad variable. En el plano psíquico destaca un intenso agobio, que no es raro que genere vivencia de muerte, por lo que el paciente acude durante las primeras crisis a los servicios de urgencias hospitalarios, donde no se encuentra, tras exploración adecuada (médica, electrocardiograma, etc.), ningún trastorno orgánico. La duración no sobrepasa los 15-30 minutos.

En principio son cuadros leves, nunca peligrosos, pero que se acompañan de intenso malestar. El riesgo es que el paciente empiece a modificar su vida por miedo a que le repita la crisis, limitando su exposición a situaciones que él considera de riesgo o en las cuales cree que va a tener difícil poder escapar o recibir ayuda, estaría desarrollando lo que llamamos una agorafobia.

A menudo el paciente recuerda con precisión la primera crisis, que puede presentarse espontáneamente mientras realiza cualquier actividad inocua (p. ej. conducir) o mientras duerme, aunque también puede aparecer en múltiples y variadas situaciones (enfermedad médica irrelevante, un accidente, una intervención quirúrgica, alteraciones tiroideas, posparto inmediato, ingesta excesiva de café, abstención de tabaco, privación de sueño, etc.). Al principio las crisis son espontáneas, si bien luego pueden verse facilitadas por ciertas situaciones. Ocasionalmente las crisis se presentan de forma focalizada, centradas en algún aparato (crisis angoroides, asmatiformes, seudovertiginosas).

En las últimas décadas se ha aceptado la base neurobiológica de las crisis de angustia, en función de varios elementos: carácter espontáneo, base hereditaria, posibilidad de ser desencadenadas por agentes físicos (lactato sódico, cafeína, yohimbina, CO2) y yuguladas por ciertos psicofármacos (antidepresivos tricíclicos, inhibidores recaptación de serotonina). Si el cuadro no se diagnostica y trata de manera adecuada puede cronificarse en forma de crisis intensas o, más frecuentemente, de subcrisis, que son crisis atenuadas. Si el trastorno se cronifica aparecen otros fenómenos, como la ansiedad anticipatoria, las conductas de evitación, la hipocondría y la depresión.

En efecto, como la vivencia de una crisis de angustia afecta enormemente al sujeto que la padece, puesto que tiene sensación de muerte, no es raro que quede afectado y presente un temor al padecimiento de futuras crisis. Se desarrolla, pues, lo que se conoce como ansiedad de anticipación, en la que el sujeto está de forma permanente controlando las situaciones bajo el temor de padecer nuevas crisis. Anticipa, por tanto, el peligro, lo cual, obviamente, genera más ansiedad. Asimismo, de forma más o menos rápida, en relación con la personalidad previa del paciente y el número y gravedad de las crisis, desarrolla lo que se conoce como conductas de evitación, es decir, formas de evitar situaciones o conductas que el paciente asocia a la presentación de las crisis. Salir solo de casa, ir en metro o autobús, entrar en almacenes o cines, conducir, etc. Son conductas frecuentes que los enfermos evitan para protegerse del temor que les causan las crisis de angustia.

Si el cuadro se cronifica pueden aparecer nuevos fenómenos, como estados depresivos, secundarios a la desesperanza y frustración de una vida limitada por las crisis, o hipocondría centrada en múltiples temores a padecer enfermedades.

Todos estos trastornos secundarios a las crisis pueden desarrollarse o no, de tal forma que unos sujetos presentan sólo crisis y ansiedad anticipatoria y otros todo el cortejo (conductas de evitación, hipocondría, depresión). La presentación de todo el cuadro o de una parte depende de la personalidad premórbida, más o menos neurótica, de la calidad de las crisis y de que el tratamiento correcto se instaure más o menos rápidamente.

Las diferentes estadísticas, antiguas y actuales, indican que la remisión completa se observa en el 15-25% de los casos, mientras que en alrededor de un 50% la enfermedad cursa crónicamente, con mejorías ligeras o sin mejoría. El 70% de los pacientes generan agorafobia (conducta de evitación de los espacios grandes), que puede complicarse con hipocondría, depresión o abuso de alcohol.

Para cortar las crisis se precisan psicofármacos (antidepresivos y, entre los ansiolíticos), así como terapia cognitivo-conductual para vencer las conductas de evitación.

Fobias

Una fobia es un tipo de trastorno de ansiedad. Son temores irracionales, excesivos y fuera del control voluntario de algo que representa poco o ningún peligro real, que llevan a la evitación de la situación o del objeto temido.

Dependiendo cual sea la causa de la fobia reciben el nombre como por ejemplo, la agorafobia (miedo a los espacios abiertos, aglomeraciones), la claustrofobia (miedo a estar encerrado), la fobia social (miedo a determinadas situaciones de exposición social), la acrofobia (miedo a las alturas) u otras fobias simples (miedo a las aves, los perros, a volar, a la sangre…).

Las cuatro características fundamentales de las fobias, que las diferencian de los simples temores, son las siguientes:

  • Son desproporcionadas a la situación que las crea.
  • No pueden ser explicadas o razonadas.
  • Se encuentran fuera del control voluntario.
  • Conducen a la evitación de la situación u objeto temidos.

Las personas con fobias intentan evitar lo que les provoca miedo. Si eso no es posible, pueden experimentar pánico y miedo, taquicardias, falta de aire, temblores o fuertes deseos de huir.

Síntomas de las Fobias

Los síntomas de las fobias se manifiestan en diferentes niveles.

Fisiológico

  • Aceleración del ritmo cardíaco o palpitaciones.
  • Sensación de ahogo.
  • Mareos y sensación de desmayo.
  • Sudoración.
  • Nerviosismo.
  • Temblores.
  • Cognitivo

Ansiedad

  • Dificultad para pensar con claridad en esa situación.
  • Pensamientos irracionales y catastróficos.
  • Pensamientos sobredimensionados sobre el peligro real de la situación.
  • Pánico y terror.
  • Ansiedad anticipatoria ante la posibilidad de tener que permanecer en estas situaciones.

Conductual

  • Conductas de evitación o escape de las situaciones asociadas al miedo.
  • Búsqueda incesante de salidas a la situación.
Tratamiento de las Fobias

El tratamiento ayuda a la mayoría de las personas con fobias. Dicho tratamiento puede variar según el tipo de fobia: psicológico en las fobias simples y combinación farmacológica-psicoterapia en el resto.

En las últimas décadas se ha incorporado la Terapia Cognitivo-Conductual al tratamiento de las fobias. Esta se emplea usualmente con la combinación de estrategias de exposición. Mi objetivo es cambiar los patrones de pensamiento, para que la persona distinga la diferencia entre los pensamientos realistas e irrealistas así como diferenciar lo posible y lo probable. De esta manera, pretendo que los pacientes con fobias logren afrontar el objeto fóbico con la menor ansiedad posible y con métodos adaptativos en sus reacciones motoras y fisiológicas.

Trastorno de Estrés Postraumático

El Trastorno de Estrés Postraumático es un tipo de ansiedad que aparece en respuesta a una situación traumática lo suficientemente intensa como para poder poner en riesgo la vida del paciente o la de otros. Como consecuencia de ello se ponen en marcha una serie de mecanismos psicológicos que condicionan la vida del paciente donde predomina la angustia y las conductas de evitación secundarias. El tratamiento suele ser farmacológico y siempre psicoterapéutico que permita la normalización de la vida del paciente en todos los aspectos.

PSIQUIATRA ESPECIALISTA
Dr. Wilson Nieves.
Num. colegiado 35/38/05399

Wilson Nieves psiquiatra Las Palmas

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